




La efigie del Santísimo Cristo de la Expiración o de la Piedad que se venera en la Capilla Mayor de la Parroquia de San Ildefonso supone todo un reto para aquellos que se acercan a intentar dilucidar su origen.
La primera referencia documental del Cristo data de 1683 en la que una visita pastoral hace referencia a un altar con la imagen de Cristo crucificado en un nicho en la pared del presbiterio. A primera vista podría no tratarse de la misma imagen, pero a finales del mismo siglo, otra visita pastoral nos indica que, dentro de la Capilla Mayor, en el lado del evangelio, se ubicaba el altar del Santo Cristo de la Piedad “en su imagen de pasta”. En el XVIII se lo menciona incluso como uno de los titulares de una de las cofradías que residen en la parroquia junto a la Virgen de los Dolores.
En la restauración llevada a cabo en 1996 por Manuel Tobajas se descubrió en su interior un papel con la siguiente inscripción: “Macaxe y ped”. El hallazgo constituyo una sorpresa, pero no tanta como la que se produjo al comprobar que el pequeño papel donde aparecía la anotación manuscrita había sido realizado por el reverso de una papeleta de convocatoria de la hermandad sevillana del Museo. En concreto, en el papel se lee: “Espira…n y María Santísima de las Aguas que con Real Aprobación, sita en su Capilla, en el Real, y Militar Convento de nuestra señora de la Merced Casa Grande de esta Ciudad: Suplica a Vmd. Por medio de esta Convocatoria que en cumplimiento de su obligación …e sirva concurrir”. Sin embargo, no es lo único que relaciona a esta pequeña imagen con la del Cristo del Museo ya que guarda un extraordinario parecido formal con el Crucificado expirante sevillano realizado por Marcos Cabrera en 1575. En torno a esta cuestión se da, además, el caso de que las similitudes no acaban en la mera estética, sino que llegan a extremos tan particulares como la propia materia en que están realzadas ambas efigies, ya que como la del Museo, la del Cristo de Mairena también esta realizado de fibra vegetal, propia de épocas como el siglo XVI, cuando se buscaba la máxima liviandad de las imágenes cristíferas para así facilitar su porte en vía crucis o en procesión.
Estos detalles son más que suficientes para relacionar ambas efigies y enarbolar la hipótesis de que quizá el Cristo de Mairena, debido a su peso y a sus proporciones, fuese en origen un boceto o imagen vicaria del sevillano.
Desconocemos la fecha y el motivo de su llegada a Mairena, pero todo indica que estuvo relacionado con la presencia de la Orden de la Merced en nuestra parroquia. Tenemos que tener en cuenta que, como acabamos de leer, la Hermandad del Museo residía en al antiguo Convento de la Merced Calzada de Sevilla (hoy Museo de Bellas Artes) y que para finales del XVII que es cuando encontramos la primera referencia del Cristo en Mairena, la Orden aun poseía tierras en nuestro municipio. De hecho, numerosos son los testimonios documentales de nuestro archivo parroquial que dejan constancia de misas oficiadas por frailes mercedarios en el templo en aquella época. Por tanto, la hipótesis más fundada hasta fecha es que, efectivamente, los frailes fueron los artífices de la llegada de la imagen a nuestra parroquia, aunque este extremo no lo podemos confirmar. Esperemos que futuras investigaciones consigan aclarar estos interrogantes.
La imagen del Cristo de la Expiración se trasladó al taller "Lira" para llevar a cabo labores de conservación y restauración.
Esta obra estaba afectada por alteraciones cromáticas y estructurales ocasionadas por la intervención de una persona no profesional. Como consecuencia, se habían desvirtuado sus valores históricos y artísticos.
Por ello mismo, la intervención de Conservación y Restauración se ha basado en la eliminación de repintes y resinas de falso envejecimiento, la recolocación de la mano derecha así como la reintegración cromática y volumétrica.
Para favorecer su conservación, se colocaron pequeñas ruedas en la peana y se colocaron dos potentes imanes que repartirán el peso de la escultura que anteriormente solo estaban soportado por sus tres clavos.